Por Ramón Bierd (Chayanne) Cuando se anunció que el Banco BHD destinaría RD$100 millones para la remodelación de la histórica Sociedad Cultural Ateneo Amantes de la Luz, Santiago celebró la noticia como un acto de compromiso con la preservación de uno de sus más importantes patrimonios culturales. La esperanza renació para una institución centenaria que ha sido cuna del conocimiento, la educación y el desarrollo intelectual de generaciones de dominicanos.Los directivos de la entidad cultural hicieron público el anuncio con legítimo entusiasmo. Entendían que, después de años de limitaciones, por fin llegaría el respaldo necesario para rescatar un edificio cargado de historia y significado para la sociedad dominicana. Sin embargo, los meses han transcurrido y la realidad es completamente distinta. No hay obreros, no hay equipos, no hay señales de que la remodelación vaya a comenzar. Lo que en su momento fue presentado como una excelente noticia permanece, hasta ahora, convertido únicamente en un anuncio. Lo más preocupante no es únicamente el retraso de la obra, sino el silencio que la rodea. Los directivos de la Sociedad Cultural Ateneo Amantes de la Luz, no pueden ofrecer respuestas porque el proceso escapa de sus responsabilidades y atribuciones. Mientras tanto, el Banco BHD no ha explicado públicamente qué ha impedido el inicio de los trabajos, si existe algún inconveniente administrativo, técnico o financiero, ni cuándo se ejecutará finalmente el aporte anunciado. Ese vacío de información genera incertidumbre y alimenta interrogantes perfectamente legítimas. Cuando una institución financiera anuncia una inversión de esta magnitud para una obra de interés colectivo, también asume el compromiso de mantener informada a la ciudadanía sobre el avance del proyecto. El silencio nunca debe sustituir a la transparencia. La Sociedad Cultural Ateneo Amantes de la Luz, no es un edificio cualquiera. Es una institución con más de cien años de historia, guardiana de una invaluable riqueza bibliográfica y documental, y símbolo del desarrollo cultural de Santiago y de la República Dominicana. Su preservación no admite demoras indefinidas ni explicaciones pendientes. Nadie cuestiona la importancia del compromiso anunciado ni el impacto positivo que tendría esa inversión. Lo que sí resulta incomprensible es que, después de tantos meses, no exista una explicación oficial sobre las razones por las cuales la obra continúa sin iniciar. La cultura también merece respeto, planificación y cumplimiento. El tiempo de los anuncios ya pasó. Ha llegado el momento de las respuestas y de los hechos. Santiago no necesita más promesas ni titulares; necesita ver maquinaria trabajando, obreros construyendo y un proyecto avanzando. Porque cuando una institución centenaria espera indefinidamente por una ayuda anunciada con tanto entusiasmo, no solo se retrasa una obra; también se pone a prueba la credibilidad de los compromisos públicos y privados. La historia no se preserva con discursos ni con documentos archivados; se preserva cumpliendo la palabra empeñada. Hoy, más que nunca, la Sociedad Cultural Ateneo Amantes de la Luz, merece hechos, no silencios. Navegación de entradas ¡Tenemos universidad!