Por José Armando Toribio

Santiago de los Caballeros-Las tragedias ponen a prueba la solidaridad de los pueblos, pero también dejan al descubierto una realidad preocupante, la necesidad de algunas personas de convertir el dolor ajeno en una oportunidad para ganar seguidores, obtener más visualizaciones y alimentar su popularidad en las redes sociales, una conducta que resulta dolorosa e incomprensible cuando miles de familias enfrentan momentos de angustia y desesperación.

En los últimos días, tras los dos fuertes sismos registrados en Venezuela, han circulado numerosos videos de personas que ni siquiera pertenecen al ejercicio periodístico, sino que se presentan como influencers, quienes han aprovechado la tragedia para grabar contenido, posar frente a las cámaras y hacer transmisiones como si estuvieran participando en un evento de entretenimiento, olvidando que detrás de cada imagen existen vidas marcadas por el sufrimiento.

Resulta aún más lamentable observar cómo algunos documentan cada bolsa de alimentos, cada caja de medicamentos o cada ayuda que dicen entregar, convirtiendo un acto de solidaridad en una estrategia para conseguir aplausos y reacciones, cuando la verdadera generosidad no necesita cámaras, ni poses, ni publicaciones para demostrar su valor.

Quien realmente desea ayudar lo hace con humildad, en silencio y con el corazón, porque la recompensa de una buena acción no está en la cantidad de «likes» o de reproducciones que obtenga un video, sino en la tranquilidad de haber extendido la mano a quien más lo necesita, al final la vida enseña que cuando llegan los momentos difíciles, el apoyo sincero vale mucho más que la fama pasajera de las redes sociales.

También preocupa que miles de usuarios continúen premiando ese tipo de contenido, compartiéndolo y convirtiéndolo en tendencia, porque mientras más atención reciben quienes utilizan el sufrimiento como herramienta de promoción, más se fortalece una práctica que deshumaniza el verdadero sentido de la solidaridad y del respeto hacia las víctimas.

En la República Dominicana también se han visto casos de personas que, teniendo vínculos con Venezuela o siendo de esa nacionalidad, parecen más interesadas en demostrar públicamente su participación que en brindar un apoyo discreto y respetuoso, cada quien es libre de colaborar como considere, pero cuando la ayuda se transforma en un espectáculo pierde gran parte de su esencia humana.

Hoy más que nunca debemos recordar que la empatía, los valores y la humildad siguen siendo indispensables, nadie está libre de enfrentar una tragedia y por eso debemos aprender a ponernos en el lugar de quienes sufren, las redes sociales pueden servir para informar y movilizar ayuda, pero nunca para convertir el dolor de un pueblo en una plataforma para buscar fama, porque la solidaridad verdadera se demuestra con acciones, no con cámaras

Ramon Bierd

Por Ramon Bierd

Ramón Bierd, periodista, locutor, productor de tv

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