Por Ramón Bierd (Chayanne) No tengo el placer de conocer personalmente al general Jesús R. Tejeda Tejeda, director de la Dirección Regional Norte de la Policía Nacional. Sin embargo, las referencias que he recibido sobre su trayectoria y, sobre todo, lo que he podido observar de su desempeño al frente de la institución policial en Santiago, me llevan a hacer una valoración positiva de su gestión. Las referencias hablan de un oficial de carrera, de carácter firme, disciplinado, correcto y apegado al cumplimiento de las leyes, pero consciente de que el ejercicio de la autoridad tiene límites y que, detrás de cada ciudadano, existen derechos que deben ser respetados.Y precisamente ahí encuentro uno de los aspectos más importantes de su gestión: la eliminación de los llamados “retenes” policiales. Durante mucho tiempo, esos puntos de control fueron vistos con preocupación por ciudadanos que denunciaban situaciones incómodas, abusos y prácticas que podían abrir las puertas a la corrupción. Por eso, la decisión del nuevo director regional de eliminarlos constituye, a mi entender, una señal clara de que se puede ejercer autoridad sin convertir los controles policiales en mecanismos de presión contra la población. La autoridad no necesita atropellar para hacerse respetar.El ciudadano que transita por las calles merece seguridad, pero también merece respeto. Y un buen policía debe entender que ambas cosas no son contradictorias. Pero hay otro elemento que tampoco podemos pasar por alto.Desde la llegada del general Tejeda Tejeda a la Dirección Regional Norte, existe una percepción favorable en distintos sectores de Santiago respecto a una disminución de los hechos delictivos y una mayor capacidad de respuesta de la Policía Nacional. Los delitos que se han registrado han encontrado, en numerosos casos, una respuesta rápida por parte de los organismos investigativos, logrando identificar y apresar a presuntos responsables en un tiempo que ha generado satisfacción entre ciudadanos de la Ciudad Corazón. Y eso es precisamente lo que la población espera de una institución policial: que cuando ocurra un delito, la respuesta no llegue tarde; que se investigue, que se esclarezca y que los responsables sean sometidos a la justicia. La seguridad ciudadana no se construye únicamente con discursos ni con grandes operativos para las cámaras. Se construye con presencia policial, inteligencia, investigación, prevención, disciplina y resultados. Por eso considero justo reconocer los pasos que, hasta el momento, ha dado el general Tejeda Tejeda.No se trata de afirmar que Santiago ha dejado de tener delincuencia. Eso sería desconocer una realidad que todavía enfrentamos. Tampoco se trata de presentar una gestión como perfecta. Se trata de reconocer que cuando un funcionario toma decisiones correctas, obtiene resultados y genera una percepción favorable en la ciudadanía, también merece que se diga públicamente. Durante demasiado tiempo hemos sido rápidos para criticar a quienes ejercen funciones públicas y demasiado lentos para reconocer cuando alguien hace las cosas bien.El general Jesús R. Tejeda Tejeda parece estar entendiendo algo fundamental: la autoridad se fortalece cuando el ciudadano siente que quien lleva el uniforme está para protegerlo, no para perseguirlo. Santiago necesita una Policía fuerte frente al delincuente, pero respetuosa frente al ciudadano.Necesita oficiales capaces de actuar con firmeza, pero también con prudencia.Necesita seguridad, pero una seguridad basada en la ley.Y necesita, sobre todo, recuperar la confianza en quienes tienen la responsabilidad de proteger vidas y bienes. Por eso, más allá de simpatías personales o posiciones políticas, creo que la gestión del general Jesús R. Tejeda Tejeda merece ser observada con atención y, cuando corresponda, reconocida. Porque al final del día, el mejor indicador de una buena gestión policial no es la cantidad de retenes instalados, ni la cantidad de uniformados apostados en una esquina.El verdadero resultado está en algo mucho más sencillo:Que el delincuente le tenga miedo a la Policía y que el ciudadano pueda sentirse protegido por ella.Y si Santiago comienza a sentir que ese equilibrio se está logrando, entonces estamos ante una señal que merece ser reconocida. La autoridad con disciplina impone respeto; la autoridad con resultados genera confianza; pero la autoridad que además respeta al ciudadano se gana algo todavía más importante: legitimidad. Navegación de entradas ¡Cuidado! Vienen con trampa