Por Néstor Estéveznestorestevez.com Vivimos rodeados de mensajes. Desde antes de abrir los ojos, por teléfono, televisión, radio y principalmente redes alguien quiere llamar nuestra atención. Todo parece urgente. Da la impresión de que no debemos perdernos nada. Y además nos insisten en que miremos, comentemos y compartamos. ¿También te pasa? ¿Qué hay detrás de todo eso? De entrada, recibir muchos mensajes no significa estar mejor informado. Regularmente ocurre lo contrario: entre tanto ruido, se hace más difícil entender qué es verdad, qué conviene y qué solo busca atraparnos. Por eso es cada vez más importante aprender tanto a emitir como a recibir mensajes. Es de tontos mirar una pantalla y creer lo primero que aparece. Necesitamos aprender a pensar antes de aceptar un mensaje. Debemos preguntarnos quién lo hizo, por qué lo hizo y qué busca provocar en nosotros. Esa pausa sencilla puede protegernos de engaños, manipulaciones y falsas promesas. El “gratis” como gancho Muchas plataformas dicen que son gratis, pero no es verdad. Como explica José van Dijk, de la Universidad de Ámsterdam, pagamos con nuestra atención, nuestros gustos y nuestros datos. Como regla general, “cuídate de lo que te ofrecen gratis”. En plataformas digitales, cada “me gusta”, cada búsqueda y cada lugar que visitamos deja una huella. Esa información vale dinero. Se usa para mostrarnos anuncios, influir en nuestras decisiones y mantenernos conectados el mayor tiempo posible, desviados de lo esencial. En otras palabras, cuando usamos una plataforma, estamos, principalmente, alimentando un gran negocio. Además, lo que vemos en internet no aparece por casualidad. Con algoritmos deciden mucho de lo que llega a nuestros ojos. Suelen elegir lo que genera emoción rápida: enojo, miedo, sorpresa o escándalo. Casi nunca eligen lo más verdadero o lo más útil. Por eso es fácil quedar atrapados en una burbuja donde solo vemos ideas parecidas a las nuestras. Creemos que conocemos el mundo, pero en realidad vemos una pequeña parte, cuidadosamente seleccionada por alguien para mantener nuestra atención. Frente a eso, conviene abrir ventanas. Leer distintos medios. Escuchar voces diferentes. Conversar con personas que piensan distinto. Buscar información fuera de las redes sociales. Consultar fuentes serias. Incluso apoyar espacios de conocimiento común o proyectos abiertos que ponen el bien colectivo por encima del negocio. Mientras más variadas sean nuestras fuentes, menos fácil será que otros decidan por nosotros qué pensar. Armas para la defensa Para defendernos de la infodemia, definida como sobreabundancia de contenido, a menudo falso o engañoso, la Unesco ofrece algunas acciones clave: asegurar confiabilidad de fuentes, analizar la carga emocional de los mensajes y utilizar herramientas de verificación técnica. Entonces, antes de creer y de replicar cualquier contenido, lo primero debe ser preguntarse quién lo dice. Pero eso no es suficiente; muchas veces es necesario confirmar. Es sumamente útil tomar en cuenta que muy frecuentemente se roba identidad y alguien simula ser quien realmente no es. Pero también ocurre que cualquiera se hace pasar por “especialista” con el objetivo de engañar. Como regla general, desconfía de los reenvíos. En cuanto a la carga emocional, se trata de una herramienta para reducir la atención de nuestro lado racional. Y eso abre oportunidad para alguien que tiene muy claro lo que quiere, y decide usarnos para que “le paguemos” ese deseo. Como regla general, “para tus antenas” cuando un mensaje apela a tu curiosidad o a emociones fuertes. Las desinformaciones suelen estar diseñadas para jugar con las emociones y los sesgos de confirmación. Ante esto, la recomendación clave es priorizar siempre la información de fuentes que ya conoces. Y claro está, aquí es muy útil contar con buena memoria para “darle su tratamiento” a quien haya intentado embaucarte alguna vez. Las herramientas de verificación técnica podrían resultar un poco complejas, pero deberemos retomarlas en otro texto. Por ahora ha de quedar claro que no todo lo que nos llega tiene valor. Muy poco merece confianza. Aprender a escuchar, dudar, comparar y elegir con criterio es una nueva forma de cuidar la libertad. Porque en medio de tanto ruido, quien piensa antes de creer se protege a sí mismo y ayuda a construir una comunidad mejor informada, más consciente y menos fácil de manipular. Navegación de entradas Titulación afianza la seguridad jurídica de más de 2,400 personas en La Vega