Por Ramón Bierd (Chayanne)
No fue un simple hecho de tránsito.
No fue una riña más, fue una tragedia anunciada, marcada por la violencia y, peor aún, por la indiferencia.
Daivy Carlos Abreu Quezada, chofer de un camión recolector de basura de la Compañía de Limpieza Urbana (COMLURSA) SRL, contratista de la Alcaldía de Santiago, se vio involucrado en un accidente con un motorista. A partir de ese momento comenzó una persecución que terminaría de la peor manera.
Lo persiguieron, lo acorralaron y cuando buscó ayuda… no la encontró.
Desesperado, acudió a una estación policial, tocó la puerta de quienes están llamados a proteger la vida, pidió auxilio, pidió clemencia y no fue atendido.
Ese momento marcó la diferencia entre la vida y la muerte. Sin respaldo, sin protección, tuvo que seguir huyendo hasta el Palacio de Justicia, allí, donde se supone que impera la ley, fue alcanzado por sus agresores y brutalmente atacado con armas blancas hasta provocarle la muerte.
Daivy Carlos Abreu Quezada no murió solo por la violencia de sus atacantes, murió también en medio de una alarmante falta de respuesta, murió después de pedir ayuda y no recibirla, de pedir que no lo dejaran morir.
Hoy la pregunta no es solo quiénes empuñaron las armas.
La pregunta es: ¿quién responde por no haber actuado a tiempo?
Porque cuando una persona corre hacia la autoridad buscando salvar su vida y es ignorada, lo que falla no es un protocolo… es el sistema.
Este caso duele, indigna, sacude y no puede quedar en silencio.
A las autoridades les corresponde explicar.
A la justicia, actuar sin titubeos y a la sociedad, no olvidar, porque mañana podría ser cualquiera de nosotros.
