Por Marcos Pichardo (Marcos Cambio) El pasado 24 de agosto cumplí 78 años, y más que celebrar un número, celebro el privilegio de estar vivo, de tener sueños, familia, amigos y nuevos motivos para seguir adelante. He aprendido que la vida no se termina por cumplir años; se termina cuando dejamos de vivir, de soñar y de luchar por lo que queremos. A los 78 no miro hacia atrás con tristeza por lo que pasó; miro hacia adelante con entusiasmo por todo lo que todavía falta por vivir. Porque mientras haya salud, amor, familia, música, proyectos y deseos de disfrutar cada día, todavía queda mucho camino por recorrer. La vida no se termina a los 78… ni a los 80, ni a los 90. La vida se termina cuando se termina. Y mientras tanto, ¡vamos a vivirla con alegría, fe y gratitud! ¡Gracias, Dios, por estos 78 años y por todos los que aún están por venir! 🎂🥂🙏 Navegación de entradas Cementos Cibao finaliza verano con una celebración en familia